Azulejo Talavera de Dolores Hidalgo, Guanajuato (Mayólica)

El azulejo de Guanajuato tiene su origen en una loza cubierta por un esmalte grueso, blanco y brillante, traído a México por los españoles en el siglo XVI, y que se conoce con el nombre de Mayólica, a diferencia de la alfarería producida en Puebla, llamada Talavera.

 

En ambos Estados sus decoraciones se realizan con colores muy vivos y atractivos, pero diferentes.

 

En la época de la Colonia, Guanajuato era uno centro minero de gran importancia, y el auge económico que trajo contribuyó al florecimiento de los talleres de cerámica que se dedicaban a producir loza fina para la aristocracia y loza común para el resto de la población como platos, ollas, barriles, tazones, frascos de farmacia, jarras, macetas, azulejos, pisos y todo tipo de artículos de uso cotidiano para satisfacer las necesidades de sus habitantes y de las poblaciones vecinas.

 

La decoración consistía, como en la actualidad, en animales, plantas, flores, figuras humanas de tipo popular, religioso e histórico, rayas, grecas, espirales, caroles, escenas de la guerra de Independencia y muchos elementos más.

 

Algunos diseños fueron copiados de piezas españolas, pero los alfareros mexicanos los fueron adaptando a su gusto, imaginación y fueron imprimiéndoles su propia identidad y sensibilidad creando un estilo distinto, fresco y espontáneo. 

 

La técnica de su elaboración, las formas tan antiguas empleadas, el tipo de decoración y en general, todo el proceso manual, convierten a esta cerámica en la única artesanía que desapareció y ha vuelto a rescatarse con todas las características que le dieron vida siglos atrás. 

 

Actualmente en Guanajuato existen varios talleres grandes e importantes, pero también pequeños que se esmeran, producen, exportan y ganan premios en ferias y exposiciones nacionales y en el extranjero.  Sus temas favoritos son los paisajes, bodegones, frutas, flores, Vírgenes, Santos y ángeles. Su obra nos muestra influencias renacentistas italianas y españolas.

 

La industria del vidriado y esmaltado del barro cocido pasó de España a México en la segunda mitad del siglo XVI. Durante la época de la Colonia, la producción de cerámica llegó a ser muy abundante y cada locero fabricaba sus piezas a capricho, sin más normas que las que imponían su propio gusto y la costumbre del lugar. 

 

A mediados del siglo XVII había tal cantidad de ceramistas que el virrey se vio en la necesidad de crear el gremio de loceros y reglamentar su oficio.

 

El 1653 se redactan en Puebla las ordenanzas que fijaron las condiciones requeridas para ser maestro del oficio, entre ellas la separación de la loza en tres géneros: fina, común y amarilla, las proporciones en que debían ser mezclados los barros para producir piezas de buena calidad, las normas a seguir para el decorado, en las que se establecía que en la loza fina la pintura debía ir guarnecida de negro para realzar su hermosura; además se especificaban cualidades y detalles de fabricación. 

 

Poco ha variado el procedimiento de elaboración de la loza. Las formas y el decorado son los que han evolucionado y sufrieron una gran transformación, debido a influencias estilísticas de diferentes épocas. 

 

El Estado de Guanajuato pidió al Gobierno Federal Mexicano compartir los derechos de la denominación de origen "TALAVERA" con Puebla, pero en 1997 recibió como respuesta una negativa y Guanajuato se tuvo que conformar a costa del gran esfuerzo que con la ayuda de algunos románticos amantes del arte mexicano en la Ciudad de México y otros estados de la República Mexicana, dedicados a la comercialización de los acabados para construcción habían empledo para poner nuevamente dentro del mercado y gusto nacional e internacional esta artesanía mexicana, en especial,  la cerámica vidriada en forma de azulejos y losetas, es por esta razón que estas artesanías de otras partes de México se denominan simplemente "mayólica", pero es importante que no te confundan, distingas y valores que esto no significa que sean "imitaciones" como por desconocimiento se les ha denominado, pues sigue conservando su valor tanto histórico, como de artesanía, pues también son hechas completamente a mano

 

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